lunes, 14 de diciembre de 2009

La señal de Jesucristo


Es un Cristo gigante, crucificado él y hecho todo con una fibra natural que lo atraviesa y lo sostiene. Este material lo recorre como si fuera su sistema nervioso y desde su coraza, como si fuera piel. Esta colgado del techo de la iglesia y la inclinación de su cabeza esta justo encima del altar, como supervisando las acciones de sus representantes en tierra.



Todo esto pensaba mientras un amigo más del colegio contraía nupcias. A continuación lo de siempre, el brindis, los solteros, la comilona, los "drinks"; y las preguntas: ¿cuando es el suyo?, tan como quedaditos ¿no?. Y bueno -pasan los años y como cambia lo que yo siento, lo que ayer era amor se va volviendo otro sentimiento- dice el evangelista pablo milanés.

Entonces a mis treinta y tantos años ando como quedado con el tema del matrimonio, de acuerdo a la moralidad pública y la ética de la tradición. Se alcanza uno como a sentirse arrastrado a los brazos de la primera mujer que se me atraviese con esas blancas intenciones, pero no. Estoy convencido que un compromiso de tamaña magnitud, en mi caso, la realizaría luego de muchos años con la excusa de dar una fiesta más que para sellar un pacto de alianza. Porque prefiero apostarle al amor que al compromiso de amar. Ese compromiso de amar, considero, se firma todos los días en un abrazo sincero sin la mediación de la institución. Y si los abrazos pierden el saborcito único u otro sabor se cuela por ahi, pues darle paso a la disolvencia natural de la vida, esa a la que todos le tenemos terror.

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